Segovia

Sólo por contemplar su impresionante acueducto, merece la pena viajar a Segovia. Después de un viaje de dos horas llegamos por fin a la ciudad.

Tuvimos que dejar el coche en un parking privado, ya que es complicado aparcar, y nos topamos de repente con ésta obra de ingeniería de principios del siglo II d.C.

El acueducto conduce las aguas del manantial de la Fuenfría, situado en una sierra a 17 km de la ciudad y originalmente llegó a medir más de 15 km, aunque en la actualidad se conservan 728 metros. Es el único resto romano que se conserva en la ciudad, su construcción implicó la creación de una obra ciclópea que se integra en su marco natural adaptándose rítmicamente al terreno, hoy confiere a la ciudad una grandiosidad y monumentalidad indescriptible. Su arquería cruza la plaza del Azoguejo, la parte más elevada mide 28 metros y tiene doble arquería de arcos de medio punto sobre pilares. Está construido con sillares de granito, labrados de forma tosca y asentados sin argamasa entre ellos. El acueducto se ha mantenido en activo a través de los siglos y quizás por eso haya llegado al tiempo presente en perfecto estado.

Empezamos a callejear por Segovia y disfrutamos de sus calles de trazado medieval en el centro de la ciudad y de sus tiendas artesanas situadas en torno a su casco antiguo: Calle Real, Avenida Fernández, Calle José Zorrilla…hasta llegar a su Plaza Mayor, en pleno centro histórico, allí se sitúa la catedral, de estilo gótico tardío (construida entre los años1525 y 1700) esbelta y sobria, en ella destacan los bellos pináculos del ábside. La torre tiene 88 metros de altura, levita entre el resto de iglesias del cielo segoviano. En la actualidad puede ser visitada, estuvo habitada hasta mediados del siglo XX por el campanero. Constituye sin duda, un privilegiado mirador de sobre la ciudad.

Ya llega la hora de comer, vemos que en la ciudad hay infinidad de restaurantes para disfrutar y nos decidimos por el restaurante José María, cerca de la Plaza Mayor, un local clásico con vigas de madera y arcos. Como no, tomamos la especialidad de la casa, el cochinillo, que resultó exquisito. Muy recomendable si visitáis la ciudad.

Ya por la tarde visitamos, por 6.50€ con guía, el Alcázar, situado en una roca elevada entre los ríos Eresma y Clamores. De origen militar, convertido después en residencia real, pero con el traslado de la Corte a Madrid se convirtió en prisión de Estado. Después en el siglo XVIII, Carlos III fundó el Real Colegio de Artillería y lo instaló aquí. La visita de ésta fortaleza nos traslada a un cuento de princesas y caballeros cuando recorremos las doce salas palaciegas que lo componen. Además saliendo a la terraza de los reyes y subiendo a la torre de Juan II, se pueden disfrutar de unas preciosas vistas del paisaje segoviano.

Finaliza nuestra visita, es una escapada de un día, regresamos por las calles adoquinadas de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad desde diciembre de 1985, y echamos un último vistazo al acueducto, ya con el sol poniéndose en el Oeste. Realmente impresionante…

Foto: Internet


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